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La Revolución de Octubre de 1934

1934, 5 de octubre. El presidente del Gobierno, Lerroux, otorga tres carteras ministeriales a la CEDA que había exigido participar directamente en el gobierno bajo la amenaza de retirar su apoyo parlamentario. Formado el nuevo gobierno, por iniciativa de la UGT con escasa participación de la CNT se produjeron huelgas generales en las grandes ciudades como medio para defender la democracia republicana y el reformismo social amenazados por la entrada de la derecha autoritaria en el gobierno. Aunque fracasaron, por la contundente respuesta del gobierno, que decretó el estado de guerra, estos acontecimientos adquirieron especial relevancia en Asturias y Cataluña, así como en la cuenca minera palentina.

LESTADO ACTUAL DEL CUARTEL DE LA GUARDIA CIVILos obreros de las minas de Orbó trabajaron con normalidad aparente. Sin embargo, a la una y media de la madrugada estalló la rebelión. Las cuencas de Orbó y Santullán se habían levantado en armas. Los insurrectos se dividieron para controlar el poder local. Mientras un grupo cortaba el teléfono, el telégrafo y la vía férrea, otro grupo rodeaba y atacaba el cuartel de la Guardia Civil, en el que había 27 números al mando de un capitán. Lo atacaron sin éxito hasta las seis de la mañana. Al mediodía, consiguieron volar la puerta con dinamita y accedieron al interior. En ese momento, llegaban los refuerzos de la Guardia Civil a las afueras del pueblo. Fueron enviados desde Palencia por el gobernador Victoriano Maesso y mandados por el teniente coronel Ángel Sainz Ezquerra. Acudió también el Batallón Ciclista al mando del capitán Emilio Asensio Ponceli. Más tarde se añadirían contingentes de artillería procedentes de Burgos. Las tropas entraron en el pueblo hacia las dos y media. Cuatro horas más tarde, la inferioridad de los rebeldes es clara: les fueron incautadas 98 escopetas, una carabina, doce pistolas, 1.300 cartuchos, 96 botellas de gases inflamables y dinamita. Muchos huyeron internándose en el monte. Hubo dos bajas: un cabo y el teniente coronel Sainz Esquerra, que fue sustituido en el mando por el capitán Asensio Ponceli.

Controlada la rebelión, el mando militar destituyó a la corporación municipal, de mayoría socialista. Hubo detenciones y registros domiciliarios. Se declaró el estado de guerra, mediante bandos difundidos en la madrugada del día 7. Ese mismo día, hacia las once de la mañana, se añadió a las fuerzas militares una escuadrilla de la aviación de la base de Logroño, con el objetivo de batir a los insurrectos huidos al monte, bien mediante bombas de mano, bien DETENIDOS EN LAS INMEDIACIONES DE BRAOSERAindicando su posición a las ametralladoras del Batallón Ciclista. Después de tres días, los huidos fueron entregándose, llegando en grupos de tres y con los brazos arriba.

La represión fue dura. A mediados de mes, las detenciones ascendían a 370. Hubo palizas y la mayoría tuvieron que presentarse ante la Guardia Civil. Alguno no pudo soportarlo y prefirió quitarse la vida. Otros fueron encarcelados en Burgos. Las labores mineras también se vieron afectadas. Los trabajos se paralizaron durante el mes de octubre y parte de noviembre. El personal se vio reducido en un 40%.

En el cercano pueblo de Barruelo, los acontecimientos se desarrollaron más allá de las directivas orgánicas emanadas del comité. Hubo un movimiento obrero anticlerical. Se quemaron el Ayuntamiento y la Iglesia. Hubo varias bajas entre las que se encontraban el alcalde socialista Francisco Dapena y el director de los maristas Hno. Bernardo. Aquél, que primero lo fue de Vallejo y que no dudo de calificar como un hombre fuera de serie.

Quizás esta insurrección fue la manera del minero de Orbó de decir ¡basta! al amplio control patronal al que durante décadas se había visto sometido. Quizás pudo haber sido diferente... pero sin duda, ésta fue la que formó parte de nuestra vida y forma parte de nuestra historia.

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